“¡Que vienen los rusos!”

¡Que vienen los rusos!” no es solo el título de una comedia bélica americana de los años 60. Cualquiera que lea los periódicos desde que se inició el conflicto entre Ucrania y Rusia se dará cuenta de que es también la frase que mejor resume el sentimiento de Occidente. No solo porque la maquinaria de propaganda está encantada de exprimir la imagen de Vladimir Putin como una especie de Terminator eslavo (aunque lo pone fácil) y la de los rusos como esa gente fría que nunca ríe y se come a los niños (también lo ponen fácil).

Pero, ¿son tan malos los rusos? ¿Quieren invadir media Europa? ¿Rasputín mató a Kennedy? Por desgracia, las historias en las que los buenos son muy buenos y los malos son muy malos quedan para Anastasia y las películas de Disney. A continuación, lo que Occidente no quiere que se sepa sobre el Caso Ucrania:

“¿Y qué dices que tiene que ver Rusia con Ucrania?”

-Pues tanto o más que lo que Europa tenga que ver con Ucrania: el primer gran imperio ruso fue la Rus de Kiev (S.IX) y el nombre ya lo dice todo. Los mongoles le pusieron fin en el S.XIII y luego la actual Ucrania (que significa “tierra fronteriza“, tiene guasa la cosa) fue pasando por distintas manos aunque sin dejar de estar en el punto de mira ruso.

-Ucrania y Rusia no se encuentran separadas por ninguna gran cordillera, pues se encuentran en una gran estepa: de ahí la frontera difusa. Un territorio en el que históricamente han confluido cosacos, tártaros, rusos y polacos. A ello hay que añadirle la división religiosa entre católicos y ortodoxos orientales, y entre proeuropeos y prorrusos (oeste-este respectivamente). Una auténtica bomba de relojería que aún hoy sigue haciendo tic-tac.

“Nikita, Nikita, lo que se da no se quita”

-La península de Crimea (sudeste de Ucrania) actualmente en disputa fue una especie de regalo del líder soviético Nikita Jruschov a Ucrania (1954), como recuerda Ramón Loboen “El Periódico“. Lo hizo sin el permiso de la población rusa. Y allí es precisamente donde hoy tiene Rusia su flota y acceso estratégico al Mar Negro, de ahí que para ellos sea tan importante, hasta el punto de enviar al ejército si es necesario.

-Del mismo modo, Estados Unidos tiene también acceso al Mar Negro a través de la OTAN en Turquía. ¿Qué no haría EEUU si peligrasen sus bases en Turquía? ¿Acaso no tratarían también de defender su posición, como han hecho en otros países? ¿No queda cada vez más claro que estamos ante una partida de ajedrez? Lástima que no juegue Kaspárov, debe pensar Putin.

“¿Bueno, bonito, barato?”

-La UE nunca ha ofrecido a Ucrania formar parte de su unión política, sino una especie de unión de segunda clase: una “asociación de libre comercio“, lo que traducido del idioma neoliberal al español significa la eliminación de aranceles y barreras comerciales a cambio de reformas. Sí, reformas. En España sabemos muy bien lo que eso significa. Así que…¿Por qué iba Ucrania a aceptar de buenas a primeras una asociación que no le era beneficiosa, pues implicaba rechazar la oferta de Rusia, a la cuál se encuentra muy vinculada económicamente?

“¡Manos arriba! ¡Ésto es propaganda!”

-En cualquier caso, por esa razón empezaron unas protestas que lo que pedían era girar hacia Europa en lugar de hacia Rusia, que era lo que barajaba el presidente Yanukovich. Kiev, la capital de Ucrania, es una ciudad de casi 3 millones de habitantes; sin embargo, las protestas más numerosas en la plaza de Maidán han rondado los 100.000 manifestantes. ¿Hasta qué punto son representativas de la voluntad popular del pueblo ucraniano?

-¿Por qué las apoya Occidente? ¿Cómo reaccionaría determinada prensa española si 100.000 personas se manifestaran contra el gobierno de España, algunas mediante actos violentos? ¿Acaso no minimizaron y criminalizaron las protestas de Burgos, o las del 15-M cuando les convenía? ¿Y qué hay de EEUU? Se ha acusado al gobierno ucraniano de reprimir las protestas. ¿Pero pueden ellos lecciones de respeto a manifestantes, cuando la policía se dedicaba a arrestar y se prohibían las manifestaciones pacíficas del movimiento “Ocuppy Wall Street“?

“Yanukovich ha sido derrotado democráticamente”  

-Yanukovich era un oligarca: cierto. Y un corrupto: cierto también. Y hasta autoritario: sea pues, concedido. Pero no ha sido derrotado democráticamente. Tras las protestas en la plaza de Maidán (Kiev), Yanukovich estaba llegando a un acuerdo con la oposición.

–21 de febrero: Yanukovich anuncia el acuerdo: se convocarían elecciones, se volvería a la Constitución anterior, se formaría un gobierno de transición y se acabaría con la violencia. Un día antes, sin embargo, unos francotiradores empiezan a matar a personas. Se desata más violencia. Todo el mundo señala al gobierno como responsable.

–22 de febrero: Yanukovich viaja a Járkov, al este del país, para asistir a un congreso de diputados y gobernadores de su partido. Los opositores aprovechan mientras tanto para tomar los edificios institucionales, le acusan de huir para no asumir responsabilidades y el Parlamento vota destituirle. Lo destituye. Sin la correspondiente Comisión de Investigación que exige la Constitución en estos casos.

-5 de marzo: se desvela una conversación secreta entre el ministro de Exteriores de Estonia y la responsable de política exterior de la UE, en la que se apunta que los francotiradores habrían sido opositores que querían crear caos para culpar a Yanukovich.

Fuck the European Union”

La frase fue pronunciada por la responsable de asuntos europeos y euroasiáticos del Departamento de Estado de EEUU en una conversación, también secreta, con el embajador de EEUU en Ucrania. Pese a que la Unión Europea es la aliada de EEUU en la partida de ajedrez contra Rusia, la conversación desvela hasta qué punto EEUU está interfiriendo en el conflicto Europa-Rusia, llegando incluso a sugerir quién podría formar parte del gobierno tras Yanukovich: un tal Arseni Yatsenyiuk. Y qué casualidad, tras la dimisión de Yanukovich, Yatsenyiuk ejerce como primer ministro en funciones.

Fuck the russians”

-La frase no fue pronunciada por nadie, que se sepa. Pero no hay ninguna duda de que es lo que quieren: que se jodan los rusos. Están dispuestos a lo que sea necesario: reconocer a un gobierno NO electo, el de Kiev, como hicieron con el golpe de estado contra Morsi en Egipto; reconocer a partidos de la oposición como el ultraderechista Svoboda; tolerar la decisión del nuevo gobierno de Kiev de derogar la ley que reconocía la cooficialidad de la lengua rusa en Ucrania, vulnerando de este modo los derechos de una parte de la población, sobretodo en el este y sud, o en Crimea.

“Érase una vez, Kosovo”

-La independencia de Kosovo y su separación de Serbia en 2008 fue posible por imposición de la OTAN (EEUU+UE) y porque así lo deseaba la mayor parte de la población, que era albana. Sin embargo, la historia se repite. Y son los mismos que permitieron la independencia de Kosovo los que quieren negársela a Crimea. Son los mismos que toleran a un gobierno no elegido con votación (Ucrania) los que rechazan las decisiones de una parte de ésta (Crimea) mediante votación. Y es que los primeros resultados del referéndum muestran un 95,7% a favor de la integración con Rusia: Occidente creía haberse hecho con Ucrania, y así ha sido. Pero Crimea se les ha escapado.

Y llegamos al final. Y al principio: todo ésto empezó como una protesta contra un gobierno corrupto; protesta que luego, a su vez, fue utilizada por Occidente para alejar a Ucrania de Rusia. Estados Unidos pensaba que podía incendiarle a Putin su patio trasero y Putin ha respondido salvando las joyas a tiempo. Así funcionan las partidas de ajedrez.¿Jaque…mate?

Varoufakis y el Minotauro

Los hombres de negro son incorruptibles. Tecnócratas profesionales. Los hombres de negro no yerran, no rechistan, no negocian. Son implacables. Los hombres de negro llegaron con la crisis y se irán (¿se irán?) con ella. Ni siquiera se sabe exactamente quién los apodó así, hombres de negro, por primera vez. Sí se sabe a qué vienen, y que es lo que quieren: inspeccionar el estado del sector financiero de los países intervenidos, su situación económica y la aplicación de reformas.

Los hombres de negro no hacen amigos, ejecutan órdenes. “Soy un hombre de negro, soluciono problemas”, se dice que se le oyó murmurar a uno, una vez, en una charla, como queriendo homenajearse a sí mismo y al personaje de Pulp Fiction que los inspiró. Los hombres de negro solo tienen órdenes, y también dueño: se trata de la Troika, la Hidra, el monstruo de tres cabezas compuesto por el BCE, la Comisión Europea y el Fondo Monetario Internacional.

Durante la crisis, los hombres de negro merodeaban sigilosos entre nosotros, evaluando nuestras cuentas, olfateando cada rastro de pequeño desliz, recomendando acelerar tal o cuál medida mientras golpeaban apremiantemente con la cucharilla del café. “¡Te queda muy bien esa reforma laboral!”, “¡¿Menudo recorte, te lo he hecho yo?!”, se les oía bromear en las pocas ocasiones en las que se permitían bromear.

Así fue durante muchos meses, escrutando, vigilando, controlando, ordenando… hasta anteayer. En Grecia, un nuevo héroe se ha erigido en salvador de los griegos. Se llama Alexis Tsipras, y no está solo. Su mano derecha es Yanis Varoufakis, ministro de Finanzas, ex asesor de Valve (compañía de Videojuegos) y estrella del rock de la economía. Estudió en Essex, pasó por Cambridge, tiene un blog hecho con WordPress y salía mucho en televisión. Pero Varoufakis es también un exitoso escritor: escribió en 2012 El minotauro globalun ensayo sobre el fracaso de la economía del capital.

Varoufakis ya apuntó entonces al que creía que era su gran enemigo a combatir: el minotauro de Creta como metáfora del monstruo financiero que estallaría de rabia con la crisis. Lo que quizás no podía apuntar ni imaginar entonces es que, tres años más tarde, como el Teseo de la mitología griega, acabaría encerrado junto a él.

Contaba Varoufakis antes de ganar las elecciones que los griegos habían sido encerrados en un laberinto. Que en 2010, en bancarrota, se les pidió a los griegos que pagaran la deuda reduciendo sus ingresos a cambio del préstamo más grande de la historia; que quien concedió el préstamo, la Troika otra vez, ignoró que quién está en bancarrota no puede pagar la deuda ni reducir aún más sus ingresos, aumentando de este modo la deuda una vez más. Un círculo vicioso. Un laberinto.

Varoufakis entró en él al asumir la cartera de Finanzas con el único hilo de esperanza de que Syriza suponga la diferencia. El viernes pasado Varoufakis embistió primero. En plena rueda de prensa con el líder del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, la tensión en el ambiente se cortaba con un cuchillo. “Grecia no reconoce a la Troika”, dijo el griego golpeando a la bestia.” “Ignorar los acuerdos no es el camino correcto”, replicó el otro. Tras la comparecencia, se levantaron, se encararon, y el holandés le soltó:

-Acabas de matar a la Troika.

-Uau, contestó el griego.

Se soltaron las manos y acabó la reunión. No sé sabe si hubo algo más, si Varoufakis le espetó, “ella disparó antes”, cómo aquella viñeta cómica sobre el Affair Charlie Hebdo. Lo que sí se sabe es que el laberinto sigue ahí. Que la bestia es algo más que una tríada de instituciones creadas para un mismo fin. Que el laberinto de la crisis de la deuda está construido por Merkel, como Dédalo, y los contribuyentes (entre otros) del pueblo alemán. Que el rey Minos, como los mercados financieros, no admite aventuras en tierra europea. Que la victoria es difícil y la salida es compleja.

Epílogo: Fragmento de “El tiempo de los regalos”, de Patrick Leigh Fermour. De otros tiempos para Creta, para griegos y alemanes.

Los azares de la guerra me depositaron entre los riscos de la Creta ocupada con una partida de guerrilleros cretenses y un general alemán cautivo al que habíamos detenido y llevado a las montañas tres días atrás. La guarnición alemana de la isla nos perseguía, pero por suerte de momento seguían una ruta equivocada. Era aquella una época de inquietud y peligro, y para nuestro prisionero de penalidades y congoja. Durante un intervalo en la persecución, nos despertamos entre las rocas cuando se iniciaba un amancer brillante por encima del monte Ida. Lo habíamos coronado con dificultad, hollando la nieve y luego bajo la lluvia durante los dos últimos días. Al mirar por encima del valle el pico montañoso destellante, el general musitó:

-Vides ut alta stet nive candidum Soracte… (Ya ves cómo la alta nieve blanquea el Soracte)

¡Era uno de los poemas que yo conocía! Seguí desde el punto en que él se había interrumpido:

-…Nec iam sustineant onus silvae laborantes, geluque flumina constiterint acuto (Y soportan el peso los cansados bosques y el hielo áspero constriñe los ríos)

Y así sucesivamente todas las estrofas restantes hasta el final. Los ojos azules del general se habían apartado de la cima del monte para fijarse en los míos, y cuando terminé, tras un largo silencio, dijo: “Ach so, Herr Major! (Vaya, señor comandante!). Fue algo muy extraño, como si, durante un largo momento, la guerra hubiera dejado de existir. 

 

Roberto Bolaño, el escritor maldito

La literatura está plagada de fantasmas y leyendas.

Historias reales sobre libros y escritores que harían palidecer a las propias historias narradas en esos libros por esos mismos escritores. Siempre me ha fascinado eso, lo real, más que lo ficticio. Historias como la de Hemingway, que disfrutaba de su retiro en Cuba paladeando su trago de ron, hasta que un día decidió paladear el cañón de su escopeta. Bang!, y Hemingway no volvió a tragar más. O historias cómo la de John Kennedy Toole, incomprendido en vida, que intentó vender la novela que había escrito (La conjura de los necios), editorial tras editorial y rechazo tras rechazo. La novela finalmente se convertiría en un éxito editorial, sí, pero por empeño de la madre, pues el hijo ya habría muerto. Otros escritores son evasivos y expertos en maniobras de escapismo: triunfan y después desaparecen durante años, como Salinger; o viven en una austeridad rayana en la pobreza, como Cormac McCarthy.

Pero de todos esas historias, la que más me ha fascinado siempre ha sido la de Roberto Bolaño. Ese tipo, de voz sutilmente carrasposa, como de papel de lija, como si hablara desde el poso de nicotina y droga con la que coqueteó toda su vida. Llegué a Bolaño de casualidad, como el crío de La sombra del viento que da con la novela de Carax en el Cementerio de Libros Olvidados. Hará ya siete navidades, mi tío me tocó en el hombro y me dijo “Vamos a la Atlántida“. Lo miré como si de repente se le hubiera puesto cara de personaje de Julio Verne y debí de preguntarle algo como “¿Que qué?“. “A la Atlántida, la mejor librería de Granada y la mejor del mundo“, contestó.

Durante el trayecto a pie, mientras bajábamos por las callejuelas del histórico barrio del Albaicín, empecé a darle vueltas al nombre. “Atlántida, la isla mítica“. Qué raro eso de llamar a una librería con un nombre tan presuntuoso, acostumbrado a esa tradición muy andaluza y algo cutre de llamar a los locales con el apellido de los dueños. El propietario debía ser un amante de las causas perdidas, pensé entonces, de esos a los que les gusta desenterrar nombres olvidados. Durante el camino y bajo un pedazo de antigua muralla nos abordó una gitana pidiendo dinero y gritó algo que sonó a medio camino entre un reproche y una maldición. “De coña”, me dije, “lo que faltaba para encarar el viaje a la librería perdida“.

Pero la librería resultó no estar tan perdida, sino en el centro mismo de Granada; el propietario tampoco resultó ser ningún anticuario excéntrico con barba de Tolstói, y finalmente, “La Atlántida” tampoco resultó ser un homenaje a ninguna historia mitológica ni ninguna referencia velada a una librería laberíntica en la que pudiera uno perderse. “¿Que por qué Atlántida? Porque me lo recomendó un proveedor“, y el propietario zanjó de un plumazo cualquier ilusión de adolescente sobre el nombre o la historia del nombre.

Igual de prosaico fue aquel tipo cuando mi tío decidió preguntarle que qué le recomendaba al crío (si algo he aprendido en Andalucía es que aunque tengas 21 años van a seguir llamándote “crío“, “niño” o “zagal” sin que a nadie le importe nada lo que tengas que objetar). El tipo me miró, me escudriñó con la mirada, se fue, y al cabo de 5 minutos reapareció con una novela de fantasías para gente de mi edad. “Esto le gustará“. La cogí y hice amago de llevármela para no hacerle un feo, aunque no me entusiasmó. Me había llamado la atención otra cosa y me concedí una última oportunidad. En una mesita, en una esquina, había un tomo rojo voluminoso, gordo y compacto, de esos con los que te dejarían participar en una Intifada con billete preferente. “2666” se llamaba y lo había escrito un tal Bolaño, Roberto Bolaño. Contenía el número del diablo, el escritor me sonaba a chino, el color era rojo sangre y en la portada aparecía un tipo melenudo, sentado de espaldas en medio de un campo yermo e inerte. “Si comprar este libro no es lo más parecido a lanzarse a la aventura que habré hecho hoy, no sé que lo será”. Así que lo cogí, me planté ante mi tío y le dije: “éste“. “Si tú lo dices”, me dijo con la mirada y se lo entregó al propietario en la caja.

-¿Bolaño? De este libro no vas a leer ni diez páginas, es un libro complicado y ni siquiera es para gente de tu edad.

Con 14 años no te pones a discutir con un experto librero, por edad y por prudencia, así que miré a mi tío, que miró al librero, que volvió a mirarme a mi, que volví a mirar a mi tío, que pasó a mirarnos al librero y a mí intermitentemente, y en pleno cruce de miradas ya sin motivo concreto, el librero cogió el tomo, le dio la vuelta, debió mirar el precio y concluyó:

-¡Adjudicado! Niño, son 30€ y no dirás que no te lo advertí.

 

Salí con la sensación de haber comprado algo más que un libro: un reto. No solo porque el libro era enorme y el autor desconocido, o porque para leer la propia sinopsis ya había necesitado un diccionario, sino porque basta con que alguien te diga que no eres capaz de hacer algo para que quieras hacerlo. Aunque tenía razón. Lo empecé, lo intenté…pero lo dejé. Durante los siguientes días de Navidad ese libro siempre observaba desde cualquier rincón de la habitación como diciendo: te lo advirtieron, te dijeron que no, pero tú querías hacerte el gracioso y ahora aquí estoy, exiliado y compartiendo mesa con los turrones.  

Durante los próximos meses, años y navidades ese libro iría apareciendo recurrentemente, viajando conmigo, desde Andalucía a Cataluña y desde Cataluña a Andalucía, o en pequeños trayectos. A veces aparecía olvidado en la guantera del coche, o bajo una pila de ropa, o en el lavabo o en alguna esquina, como recordando: sigo aquí, ¿lo has meditado ya? 

Un día finalmente lo empecé, hará cosa de dos años. Leí las primeras 100 páginas de un tirón. Me conquistó. Pero llegó la inercia de las rutinas diarias y el libro volvió a pasar al olvido. Lo intenté recomenzar varias veces más. A veces llegaba a la página 100 de nuevo, otras veces llegué incluso a la 110, pero no más allá, como si hubiera un límite, o algo que se hubiera propuesto joder nuestra relación, al libro y a mi; como aquella entrevista en el New York Times, en la que el escritor John Irving aseguraba que Our mutual friend de Charles Dickens sería el último libro que leería en vida; 2666 también parecía querer ocupar ese lugar.

Dicen que cuanto menos se sepa de un escritor, mejor. Que conocer a la persona puede hacer que se derrumbe el mito. No con Bolaño. Hace un año me enteré de su historia. El chileno rozó la pobreza durante toda su vida. En México fundó un grupo de intelectuales rebeldes; lo bautizó “Infrarrealistas“, una especie de Club de Poetas Muertos. Se enfrentó al establishment. Vivió el Chile de la dictadura. Tras probar suerte allá, cruzó el Atlántico. Se instaló en Blanes. Vivió sin pena ni gloria. Coqueteó con sustancias, como todos los genios. Bebió mucho. Fumó más. Trabajó de camarero, de lavaplatos, de vigilante nocturno. Jugó a juegos de mesa con sus hijos. Descubrió que estaba enfermo. Fue a librerías a polemizar sobre libros; a videoclubs a polemizar sobre videos. Llamó a puertas de editoriales que nunca se abrieron. Pasó noches sombrías, en vela, escribiendo.

Y finalmente ocurrió: las grandes editoriales, Anagrama y Seix Barral, se fijaron en él. Corrió la voz, su fama aumentó, siguió escribiendo; la enfermedad que le destrozaba por dentro también aumentó.

Con la muerte acechando y esperando un trasplante de hígado que nunca llegó, acometió otra tarea, un último libro compuesto por partes, un total de cinco. Una obra colosal, con más de 1000 páginas. Se venderían separadas; los beneficios para su familia, su mujer y sus hijos; como un Walter White realizando un último esfuerzo para salvar a los suyos, tras él ya muerto; como un gesto heroico antes de morir, y casi llegó a tiempo. Dejó la novela inacabable, más que inacabada. Contra la voluntad de Bolaño, las publicaron juntas, en un solo libro.

Nació 2666.

Ya muerto, encabezó las listas de los más prestigiosos diarios internacionales. Fue elogiado por aquellos que lo ignoraron en vida. Se le llamó el nuevo mejor escritor en lengua hispana de toda una generación. Se convirtió en mito. A su novela se la llamó novela total. Fue (es) un éxito total.


Sigo sin haberla acabado. Y se acerca Navidad.

Entrevista a Alejandro Cao de Benós

ENTREVISTA CON ALEJANDRO CAO DE BENÓS

Alejandro Cao de Benós es el caso más singular del mundo en el país más insólito del mundo. Un español de origen aristocrático en el país del comunismo más ortodoxo. El único occidental del planeta en el régimen que ha sido tachado como la peor dictadura del planeta; Delegado Especial de Relaciones Culturales; representante del país en Occidente. Le preguntamos sobre política norcoreana a raíz de la aparición de su libro, “Alma roja, sangre azul”.

Hábleme del rol del Líder en Corea del Norte.

El Líder representa el origen de nuestra sociedad. Toda sociedad necesita un padre, un nexo de unión que articule la sociedad, como toda organización. Esa es la posición que ocupa Kim Jong Un.

Periodistas como Rafael Poch de Feliu, que han estado en el país, aseguran que hay aspectos de la vida del Líder norcoreano que están o bien falseados o bien mitificados. ¿Qué hay de cierto en eso?

En primer lugar, Rafael Poch estuvo 7 días en Corea. Yo estuve con él, le conseguí el visado. Lo que él pudo ver es bastante limitado. Partiendo de esa base, según la cual los periodistas especulan mucho y en la que también influye el sensacionalismo…

Poch es muy ecuánime en su libro sobre Corea del Norte.

Sí, ¿pero quién es él para hablar de una sociedad de 25 millones de personas cuando solamente ha estado una semana en el país? ¿Por qué tiene que hablar de mitificación?

Poch dice que el “Querido Líder” Kim Jong Il nació en un koljoz (granja soviética), desmintiendo de éste modo lo que dice la historiografia oficial norcoreana, que asegura que nació en una ladera del sagrado monte Paektu.

¿Y dónde están las pruebas de lo que dice Poch? Hay mucha gente que con tal de crear un artículo rimbombante hace lo que sea. Conozco el periodismo, me relaciono con periodistas diariamente. No niego que el señor Poch es bastante bueno en comparación con otros como Jon Sistiaga o Georgina Higueras, pero aún así también peca de ese afán de protagonismo periodístico.

En cualquier caso, Kim Jong Il fue sucedido por su hijo, Kim Jong Un. De hecho, hubo un artículo tuyo que levantó bastante polémica, porque asegurabas que Kim Jong Un jamás llegaría a gobernar el país, lo que contradice la áurea creada entorno a ti sobre tu grado de conocimiento de lo que ocurre en instancias gubernamentales.

Cierto, pero es que entonces la mayoría de norcoreanos no sabíamos de su existencia. Sin embargo, ahora se entiende la inesperada decisión de Kim Jong Il de que su hijo le sucediera. Kim Jong Il sabía ya entonces que había alguien que intentaría aprovechar el vacío de poder que se pudiera generar con su muerte. Ahora sabemos que ese alguien era Jan Song Tek, tío del actual líder y ejecutado por tramar un golpe de estado.

En Corea del Norte existe una derivante del socialismo: la idea Juche. Dices en tu libro: “[esta idea] ofrece la libertad siempre que priorice el compromiso político”. ¿No es una contradicción del término? No puede haber libertad si se obliga a alguien a comprometerse con una idea política.

La cuestión es que la libertad como tal es un término casi onírico. ¿Qué es la libertad? Cada uno usa el concepto según su ideología. Para nosotros la libertad es que no tengas que preocuparte de nada porque el gobierno te lo va a dar todo. En España, por ejemplo, la soberanía política y militar está entregada a los EEUU; la economía a Berlín y la política a la oligarquía. En el capitalismo todos los sectores están vendidos a los más poderosos y la libertad es mera propaganda: tu libertad está sujeta al tamaño de tu cartera.

En tu libro hablas tambén del Songun. ¿De qué se trata?

El Songun es la política de prioridad militar establecida por nuestro líder. La política Songun permite que, con apoyo popular, se destine la mayoría de recursos a defender el país y a fortalecer la Defensa.

Pero al destinar la mayoría de recursos a la Defensa se están sacrificando sectores muy importantes para la población. ¿El fin justifica los medios en Corea del Norte??

En este caso sí. Sin las armas nucleares, y la militarización del país, Corea del Norte sería invadida.

La severidad del régimen llega a castigar a las personas que se saltan esa unión del pueblo y deciden escapar con hasta 3 años, además de represalias a los familiares de los castigados.

Muchos periodistas especulan sobre que Corea del Norte se dedica a castigar, no solo a la persona que comete una infracción, sino a varias generaciones de su familia. Eso es falso.

También cuentas que cuando te nombraron soldado del Ejército Popular se estaba violando la legislación entonces vigente, que no permitía el ingreso de extranjeros. Leo textualmente: “todo es posible con el aval de las altas esferas”. ¿No abre esto la veda a todo tipo de excepciones y privilegios de unos pocos?

En todos los países, las constituciones permiten introducir modificaciones en la ley. Siempre existen excepciones de acuerdo a ocasiones especiales.

Estado de excepción

Ya están sueltos. Como una gota malaya, asistimos desde hace días al incesante goteo de puestas en libertad: lo más granado de la fauna criminal española, o vasca si se quiere. Es la consecuencia directa de la derogación de la doctrina Parot. Y sin embargo, la aplicación de la ley no parece haber sentado nada bien entre los defensores habituales de ese mantra del “Estado de Derecho”. Era la Doctrina Parot una medida justa, dicen. Y sin embargo, uno no puede evitar preguntarse si no han olvidado la diferencia entre justicia y legalidad.

Y uno no puede dejar de sorprenderse de cómo estos ilustres defensores de la ley han pervertido el Estado de Derecho: ilegalización de partidos, torturas, guerra sucia, ataques a la libertad de prensa como en el caso de los nunca suficientemente olvidados Egin o Egunkaria. Sí permanecieron, por el contrario, diarios que poco han hecho por la conciliación: erigidos en carteles de “SE BUSCA” y comandados por periodistas con complejo de sheriff, han olvidado que la ley debe hacer de tripas corazón. “La calle es mía”, parecen entonar, recordando a aquel gran prócer que jamás pudo ser excarcelado, pues jamás fue detenido, ni juzgado. Y es que lo llaman Estado de Derecho, pero es un Estado de Excepción.

No disparen al banquero

Menudo desvergonzado el tal David Fernández: no contento con mantener la compostura durante diez minutos, viendo como sus educadas preguntas eran respondidas con displicentes silencios por parte del ex banquero, acabó estallando y sacándose el zapato como símbolo de desprecio. La cosa no acaba ahí, ya que al no haberse explicado con claridad, ha provocado el estrés de los ilustres analistas de este país, que aún discuten sobre el daño que le podría haber causado a Rato tan peligroso proyectil.

Y es que al Parlamento debe ir uno llorado de casa, con la corbata anudada y la boca cerrada. Qué poco estético tener a un hombre que habla como el pueblo en el lugar más alejado del pueblo. Qué atrevido llamar a Rato por su nombre. Ya lo decía Talleyrand: “Existe un arma más terrible que la calumnia y es la verdad”. Y eso, señores, sí es un auténtico proyectil.

Artur Mas en el País de las Maravillas

¡Primero la sentencia, tiempo habrá para el veredicto!“. Así decía una frase escrita por Lewis Carroll, escritor que inventó el extravagante mundo de “Alícia en el país de las maravillas“. Bastante más lejos y bastante después, algo parecido ha pasado aquí: el pasado lunes, en un tiempo récord que en las redes sociales desató todo tipo de comparaciones cachondas con Flash el superhéroe, el Tribunal Constitucional resolvía suspender la consulta de Artur Mas.

¡Flash! A veces sorprende la facilidad con la que la ilusión de millones de personas, sostenidas y compartidas firmemente durante mucho tiempo, pueden ser desechadas de un plumazo.

¡Primero la sentencia! , decía la frase de Caroll, y es que en la democracia de baja intensidad del PP no hay tiempo que perder contra la democracia de verdad. Tal vez no lo sabía Artur Mas o haya que recordárselo: que vive en el país en el que Baltasar Garzón fue juzgado por hasta 3 causas distintas cuando los Gürtel ni siquiera se habían sentado en el banquillo; que vive en el país en el que se descuartiza al evasor Pujol mientras se santifica a un Botín con más de 2000 millones de euros en paraísos fiscales; que vive en el país en el que a los independentistas se los combate cerrando diarios (los casos de Egin o Egunkaria en el País Vasco) y a los irreductibles candidatos a Lehendakari encerrándolos en prisión (Caso Arnaldo Otegi).

Que vive en el país en el que se indulta a banqueros y se desahucia a los pobres; un país donde se privatizan ganancias y se nacionalizan pérdidas; un país donde a los jubilados se los estafa con preferentes y a los consejeros de Bankia se los premia con despilfarro sin cuartel; un país en el que se critica que el 15M no se constituya en partido y en el que luego se critica que el partido, Podemos, se haya constituido.

Un país en el que los inmigrantes son apaleados cuando cruzan las vallas y despojados de sanidad cuando se atreven a solicitarla; o en el que las mujeres son tratadas como niñas, los parados como vagos y los manifestantes de etarras; un país en el que el lenguaje se ha convertido en arma y a los ciudadanos se los ha tomado por analfabetos.

Un país donde los demoledores recortes del Estado de Bienestar no son recortes, son “reformas“; los rescates no son rescates, son “ayuda financiera“; los repagos de servicio público son “copago” o las subidas de impuestos “recargo temporal de solidaridad“; la destrucción de la dignidad del trabajador es “mejora de la competitividad” y la recesión “tasa negativa de crecimiento”.

Y es que ya lo decía Lewis Carroll en un diálogo de “Alicia a través del espejo”, segunda parte de la primera:

—Cuando yo utilizo una palabra esa palabra significa exactamente lo que
yo decido que signifique ni más ni menos —dijo Humpty Dumpty.
—La cuestión es si puedes hacer que las palabras signifiquen cosas tan
diferentes —dijo Alicia.
—La cuestión es, simplemente, quién manda aquí.

Es triste, pero es así. Bienvenido al País de las Maravillas, President.

La mayoría silenciosa

Está ahí, agazapada. ¿La oyen? Es ella, la “mayoría silenciosa” de la que tanto habrán oído hablar estos días, acurrucada tras la esquina más cercana. No, claro que no pueden oírla; por algo es silenciosa. E ininteligible. A menos, claro, que sean ustedes unos suertudos y pertenezcan a la cúpula del Partido Popular, bendecida con el don sobrenatural de interpretar los silencios. Solo ellos la oyen, solo ellos la nombran. No han sido pocas las apelaciones a la “mayoría silenciosa”, ese ente casi mitológico que dentro de unos años compartirá baúl con“líneas de crédito” o “indemizaciones en diferido”.

Las apelaciones a una “mayoría silenciosa” ya son algo más que una ocurrencia: son el argumento fundamental esgrimido por el PP desde que llegó al poder. Una “mayoría silenciosa” que asiente cabizbaja y con resignación ante las decisiones que un gobierno responsable toma por su bien. Una mayoría de ciudadanos apacibles que recela de catalanes sediciosos y izquierdistas trasnochados. Contra los independentistas díscolos del 11-S, una dosis de “mayoría silenciosa”. Contra las protestas clamando democracia y justicia social, una sociedad hogareña y tranquila que se enorgullece de sus dirigentes ante el calor de su chimenea.

Una sociedad idílica en la que cabría, sin embargo, una pregunta lógica: si la mayoría de ciudadanos a los que apela el PP son silenciosos, ¿cómo sabe Rajoy o Soraya que están de su lado? ¿Qué les dice que están conformes con sus decisiones? Tal vez la formación cristiana de la derecha española tenga algo que ver. Tal vez sea la creencia en que hay algo “mejor” que no podemos ver. Del mismo modo que Fátima Báñez se encomienda a la Virgen del Rocío ante los datos del paro. Es solo cuestión de buena fe. Pero la “mayoría silenciosa” ha venido para quedarse. En un país que tiende a la polarización en todo, habrá cuerda para rato entre los que crean en lo que no pueden conocer y los que, sin embargo, tal vez por comunistas sedientos y radicales [sic], preferimos referirnos solo a lo que conocemos: a los parados, a los pensionistas, a los desahuciados y estafados, los que ejercen y se manifiestan: “la ruidosa minoría”.

Los Castro cumplen años

dscn0139El año nuevo me pilló en Cuba y con él, también el 55 aniversario de la Revolución. Allí tuve la ocasión de comprobar las bondades del gobierno revolucionario. “Raúl hablará hoy en Santiago”, titulaba el diario Juventud Rebelde, prensa fresca y renovadora. Sin duda en él escriben jóvenes y sin duda son rebeldes: cosecha del 59, concretamente.

Finalmente, esa noche pude ver el discurso. Los ingredientes: ataques a EEUU, elogios al hermano mayor y odas a los logros de la revolución, sanidad y educación. Y es que en Cuba el gobierno se preocupa por la salud, por eso el racionamiento solo permite comprar 7 huevos al mes: por todos es sabido que su ingesta desmedida perjudica la salud. Y qué decir de la educación, qué gente más respetuosa y educada: ninguno de los cubanos con los que hablé se atrevió a criticar al gobierno, lo que demuestra que el cubano es en efecto un hombre nuevo que antepone el decoro a cualquier consideración política.

En definitiva, un acto retransmitido por Cubavisión y Telerebelde, pluralismo que permite contrastar lo que dice uno con lo que dice el otro aunque lo que digan sea lo mismo. En efecto, Raúl habló en Santiago y acabó su discurso con un cómplice “¡¿Se me comprende bien?!” que fue contestado con un “¡Síii!” claro, cristalino, sin fisuras. Faltaron las velas; el bloqueo, ya se sabe.