No disparen al banquero

Menudo desvergonzado el tal David Fernández: no contento con mantener la compostura durante diez minutos, viendo como sus educadas preguntas eran respondidas con displicentes silencios por parte del ex banquero, acabó estallando y sacándose el zapato como símbolo de desprecio. La cosa no acaba ahí, ya que al no haberse explicado con claridad, ha provocado el estrés de los ilustres analistas de este país, que aún discuten sobre el daño que le podría haber causado a Rato tan peligroso proyectil.

Y es que al Parlamento debe ir uno llorado de casa, con la corbata anudada y la boca cerrada. Qué poco estético tener a un hombre que habla como el pueblo en el lugar más alejado del pueblo. Qué atrevido llamar a Rato por su nombre. Ya lo decía Talleyrand: “Existe un arma más terrible que la calumnia y es la verdad”. Y eso, señores, sí es un auténtico proyectil.

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